lunes, 25 de abril de 2016

Epatitis


El dato que inicialmente lleva al diagnóstico es el aumento de los niveles en sangre de las transaminasas, enzimas que son liberadas a la sangre por la muerte celular producida por la inflamación del hígado.
Esta elevación puede ser muy importante en las hepatitis agudas, y es leve o moderada en las hepatitis crónicas.
A partir de ahí, el diagnóstico se completa con otras determinaciones analíticas que, además, ayudarán a encontrar la causa de la hepatitis y a determinar su severidad y su pronóstico.
Para el diagnóstico definitivo es necesario en muchos casos realizar una biopsia hepática.
Las hepatitis agudas por virus A y E no se tratan, debido a que la mayoría se curan espontáneamente. Únicamente hay que seguir su evolución para vigilar si hay casos de evolución muy agresiva o fulminante.


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